miércoles, 17 de diciembre de 2014

Blogs sobre la maternidad

Cada vez somos más. Y como es un tema que está ahí y que más de una/uno lo pensará cuando lea estos contenidos, mejor abordarlo cuanto antes y sacudírnoslo para poder centrarnos en lo nuestro. ¿O no?

Lo de decidir hacer un blog sobre las peripecias de la maternidad no surgió de un día para otro. De hecho, yo siempre he sido de las que ha criticado, bastante, a todas aquellas amigas y conocidas que tenían un hijo y sus conversaciones pasaban, automáticamente, a centrarse tan sólo en pañales, gorgoritos y primeras palabras de sus retoños. ¡Hay vida más allá de los hijos! Reivindicaba yo por aquel entonces de forma tendenciosa. Y lo sigo creyendo, aunque ahora en mi propio día a día apenas pueda ver más allá de ello  (el destino, generalmente, tiene unas formas curiosas de vengarse).

Sin embargo, negar la evidencia es absurdo y si algo descubrí cuando fui madre fue lo útil que resultaron para mí las numerosas referencias que encontré al respecto, tanto de profesionales como de otras mamás que estaban pasando por la misma situación. Hay cosas que son innatas y, a lo largo de este blog, me veréis reivindicar en muchas ocasiones la importancia de hacer caso a tu instinto en lo que se refiere a la crianza de los hijos. Pero también hay momentos de soledad, incertidumbre, duda y miedos en los que compartir lo vivido o, sobre todo, desmitificar lo que ocurre, ayuda. Así que, ¿por qué no contribuir a ello?

Mi postura, vuelvo a decirlo, es bastante tímida porque nunca se me ocurriría hablar como experta o como referente de la maternidad. No lo soy. Y a lo largo de este mismo blog descubriréis qué poco lo soy. Pero en nada seré mamá de dos niños con tan sólo 16 meses de diferencia. Mi realidad ahora es esta y en este descubrimiento que estoy haciendo cada día, si lo que paso, vivo, disfruto o padezco con mis pequeños puede servir  a alguien, bienvenido sea. Sinceramente, dudo de que pueda llegar a tener ese propósito. Aunque a lo mejor os echáis unas risas a mi costa (por eso me inclino más). Bienvenidas sean.

Al fin y al cabo, cuando una es periodista y ha dedicado toda su vida a escribir, es imposible desligar lo que te ocurre de la propia literatura que impregnas en todo lo que haces. Antes te hacías eco de la realidad y en tus ratos libres contabas tus anhelos, ilusiones, metas, compromisos… Ahora a duras penas puedes escribir pero, cuando lo haces, no puedes ser ajeno a lo que estás viviendo. Sobre todo porque la mayor parte de las veces apenas tienes tiempo para saber o fijarte en nada más. Bastante tienes con ‘sobrevivir’ al día a día.

http://www.abc.es/tecnologia/redes/20140419/abci-blogs-madres-201404142038_2.html

martes, 16 de diciembre de 2014

Cuestión de maternidad

Ser madre es una revolución. Ni siquiera cuando estás embarazada eres consciente de todo lo que se te viene encima. Y lo digo con el mayor de los cariños y desde una posición casi neófita en este sentido. Mi experiencia se ‘reduce’ a una pequeña de 14 meses y a la inminente llegada de su hermano, que lo hará en apenas un mes y medio, convirtiendo nuestro hogar, a buen seguro, en un caos de pañales, llantos y noches en vela. ¿Cómo estamos entonces? Pues aterrados, claro.

Eso no está reñido con la felicidad que rodea todo esto y que, sin duda sientes. Pero la paternidad es un proceso complicado en el que se mezclan muchos sentimientos. Tus hijos te dan la mayor alegría del mundo y no concibes la vida sin ellos, aunque a menudo fantasees con aquella rutina en la que únicamente tenías que preocuparte de tu otra mitad y de ti misma, de qué ponían en la televisión aquella noche, de a qué espectáculo irías el fin de semana o qué restaurante visitarías. Es ahora cuando eres consciente de que entonces, verdaderamente entonces, tenías el mundo a tus pies y un montón de posibilidades por explorar y disfrutar. Y no lo hacías… Ahora, en cambio, hay días en los que serías capaz de dar tu mano izquierda por un par de horas de silencio. La derecha si además van regadas con un buen vino. Mmmm!

A medida que pasa el tiempo te vas dando cuenta de que no puedes con todo. Porque es imposible. Y entonces llega el momento mágico en el que te descubres redimensionando las cosas que ocupan tu mundo y que antes eran tan importantes para ti. Reconsideras tu vida… y eliges. Algunas optan por alcanzar la imagen de super mamás, abogar por una organización casi militar y defender la capacidad femenina para trabajar fuera del hogar, organizar la casa, tener atendidos a los niños, cumplir con la familia y disfrutar con los amigos. Yo, no soy de esas. Y no porque no lo haga, qué conste. Pero relajada, que es como a mí me gusta hacer las cosas (antes no era así. Este ha sido ‘otro’ de los descubrimientos de la maternidad).

Trabajo de lunes a viernes y me siento constantemente culpable de no estar con el bebé (como debe ser). Eso, al menos, me permite, entre otras cosas, pagar a una chica que viene un día a la semana cinco horas a limpiar y adecentar la casa (sin duda, la mejor inversión que he hecho en mi vida). Tengo atendida a mi hija en sus necesidades básicas y, cuando puedo, aderezo, cual ensalada, su existencia con muchos juegos y cariñitos. Cumplo con la familia (más bien cumplen ellos conmigo cuidando de la pequeña, aunque por decisión propia, lo cual, debo admitir, les honra) y disfruto de los amigos, sobre todo si estos tienen hijos que puedan jugar y cansar a la mía. Y creo que esto es y será gran parte de mi vida, al menos, durante los próximos diez años. No me quejo, de momento.

Por ahora, bastante tengo con mover mi cuerpote de 84 kilos y 32 semanas de embarazo siguiendo el ritmo de J.C., que no es que tenga ritmo, es que no tiene descanso, ya duerma, no duerma, coma, no coma, eche a andar o se quede en la silla berreando y dando muestras de que, por fin, puede hablar y oír su propia voz. Bendito descubrimiento. E imagino que debo parecer, más que una madre abnegada, una mamá hipopótamo a punto de engullir (también) al bebé que tiene delante y que se tambalea como loco, huyendo del ‘monstruo’ que le persigue.


Más allá de eso, lo demás, para mí, es pura entelequia.